Carta de nuestro Párroco

¿Cuántos talentos tienes? El evangelio de Mateo nos hace una invitación a reflexionar sobre los talentos, dones o habilidades que generosamente hemos recibido de Dios. Tradicionalmente la reflexión se enfoca en como usamos los talentos. Yo los invita a que pensemos en la actitud que tomamos cuando nos comparamos con los demás.

Primero que nada, yo creo que no es bueno compararse con los demás, o que los padres comparen a sus hijos con los hermanos o con otros niños. Cuando nos comparamos, puede que nos hagamos vanos o amargados, ya que siempre habrá personas mas grandes o mas pequeñas que nosotros. Todos tenemos talentos sin excepción. Ciertamente algunas personas tienen más y otras menos, pero todos tenemos algunos. Recibimos los talentos para ponerlos a trabajar y que cada uno demos cuenta de cómo los estamos usando. No necesitamos estar celosos porque una persona tiene más, o sentirnos que valemos más porque tenemos más que otros. El evangelio de Lucas dice “Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho mas” (12:48b). Cada uno de nosotros tenemos que usar nuestros dones sin importar si recibimos uno o cien.

Durante mi primer año del seminario, en México, teníamos que hacer trabajo pastoral los fines de semana en varias parroquias. A veces me sentía muy insignificante porque veía que algunos compañeros seminaristas regresar los domingos después de haber organizado un retiro para 300 jóvenes. Ya que yo no tenia experiencia en trabajo pastoral, a mi me tocaba enseñar a niños pequeños (unos 5) a rezar el Padre Nuestro. Yo compartí mi frustración con mi director espiritual, un sacerdote muy santo y sabio. Él me dijo algo que nunca se me ha olvidado: para Dios, tiene el mismo valor que les enseñes a tus 5 niños a rezar el Padre Nuestro que tus compañeros ayuden a 500 jóvenes. Lo que realmente le importa a Dios es que pongas todo tu corazón en hacer tu ministerio, por pequeño que parezca ante los ojos de los demás.

Lo que realmente le importa a Dios es que produzcamos calidad no cantidad. Si ponemos nuestro corazón en lo que hacemos, recibiremos una gran recompensa, sin necesidad de compararnos con la gente más o menos dotada que nosotros.

Un “Rito de bienvenida”

La semana pasada pusimos un articulo en el boletín sobre el Rito de la Paz durante la misa. El articulo decía que el signo de la paz no es un saludo que ofrecemos, sino un gesto solemne que damos a las personas que estas junto a nosotros.

Tradicionalmente este ritual esta basado en el evangelio de Mateo (5:23-24): “Así pues, si llevas una ofrenda ante el altar y ahí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el atar y ve a reconciliarte con tu hermano primero, y después regresa y presenta tu ofrenda”. Mateo escribe sobre hacer la paz antes de presentar tu ofrenda. Actualmente el momento en que hacemos el rito de la paz es ya después de que los dones han sido presentados ante el altar. El signo de la paz no es sobre hacer la paz con todos, sino es un símbolo de que estamos en paz con todos. En nuestra Parroquia Santísimo Sacramento deseamos mantener este momento solemne y propio antes de recibir a Jesucristo, en la Eucaristía. Pero queremos ser una comunidad alegre y que da la bienvenida a todos. Las primeras comunidades cristianas se reconocían por eso. Entonces, al comienzo del nuevo año litúrgico, con el tiempo de Adviento, al iniciar la misa, el sacerdote nos invitará a que volteemos a nuestros lados y ofrezcamos un saludo de bienvenida. Queremos reconocer, al comienzo de la misa, que todos somos partes del mismo Cuerpo de Cristo, reunidos para orar, alabar, cantar y participar en la celebración que es el centro de nuestra fe: la Eucaristía.

Esperamos que este gesto nos ayude a integrarnos mas como el Cuerpo místico de Cristo, y motive a que nos conozcamos más, como la familia que somos: la Parroquia Santísimo Sacramento.

P. Ismael

(Joanne Amedeo colaboró en escribir este articulo)

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