del Escritorio del Párroco

August 18, 2017

 

Hace algunos días tuve la oportunidad de ir con los monaguillos y sus papás a el Seminario de Mundelein.  Este fue un viaje organizado por Angélica y Guillermo Uribe, los coordinadores de este ministerio, con la idea de recompensar un poco, a nuestros jóvenes servidores, por su compromiso y, quizá, el exponerlos al ambiente de quienes están en formación para el ministerio ordenado. Creo que los niños se la pasaron bien, junto con sus papás. Escuché algunos comentarios como que el seminario está muy tranquilo, con mucha paz y muy bonito. Pero un comentario que realmente llamo mi la atención es que ninguno de los niños usó su teléfono celular para jugar durante si tiempo en el seminario.Sabemos que uno de los retos de nuestros tiempos es el uso y abuso de los aparatos electrónicos personales como teléfonos celulares y tabletas. Para algunos papás es una solución fácil, cuando sus niños están impacientes o aburridos, el darles uno de estos aparatos ya que los entretendrá por un buen rato.

De acuerdo a algunos terapistas de la clínica de rehabilitación Harley Street, en Londres, el uso de teléfonos inteligentes puede ser muy adictivo para los adolescentes y los niños, casi como el alcohol y la cocaína. Para los papás, puede que parezca una solución buena el mantener a los niños tranquilos con un aparato electrónico, pero les puede afectar negativamente en su comportamiento, y eso ya lo podemos ver, al verlos como actúan cuando no tienen el aparato. Lo mejor que puede hacer por su hijo, inclusive con los bebés, en lugar de dejarles usar el teléfono celular, es pasar tiempo con ellos, haciendo el esfuerzo de llevarlos al parque o al aire libre y hacer una actividad física juntos. Yo sé que puede ser mucho de su esfuerzo de su parte, pero ellos son las personas que Dios le ha confiado a su cuidado. Realmente vale la pena.

En el evangelio de hoy vemos a una mujer cananea, una persona que no comparte la fe judía, alguien considerada forastera, que tiene la audacia de llamar a Jesús pidiendo su ayuda. Jesús ignora su petición de ayudar a su hija; inclusive sus discípulos le piden que la despida porque sigue molestando con su petición. La respuesta de Jesús parece un tanto áspera porque ella no es parte del pueblo elegido de Israel, pero el amor que tiene por su hija le da el valor para expresar su fe en Jesús. Eso fue suficiente para que Jesús reconozca su fe: “Mujer, ¡que grande es tu fe!” y concederle su petición. ¿Podría usted hacer algo similar por sus hijos? ¿Los ama lo suficiente para seguir intentando, inclusive frente a retos grandes?

Le pido al Señor que pueda siempre hacer lo correcto y que tenga la fortaleza para perseveran en su compromiso como padre cristiano, siempre haciendo lo correcto porque reconoce la gran responsabilidad de tener un hijo y hacer de el o ella un gran discípulo de Jesús y un maravilloso ciudadano.

 

Su hermano en Cristo,

P. Ismael

 

 

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